El último mes hemos recibido una avalancha de invitaciones a una serie de eventos, webinars y foros digitales. Da la impresión de que todo lo que no se hizo o se tuvo que posponer en marzo y abril, llegó a las plataformas desde fines de mayo.

Hay charlas, conversatorios, seminarios, lanzamientos de iniciativas y entrevistas casi todos los días. Los temas, todos y para todos los gustos. De los que sigo, evaluación de algunas políticas públicas como la Ley REP, el desarrollo del hidrógeno verde, la evaluación de los tribunales ambientales, relaves mineros… entre otros. Todas las semanas hemos podido ver al Ministro Jobet, la Ministra Schmidt o a los titulares del Trabajo y Hacienda; los exministros de Medio Ambiente, Pablo Badenier y Marcelo Mena son habitués de foros ya sea como expositores o como moderadores.

Uno de los actores que llama la atención, por su cambio de línea editorial, es ICARE. Antes de la pandemia, era un foro de élite al que se asistía con invitación o pagando un oneroso ticket. Hoy, en cambio, sus foros son abiertos, se transmiten vía EMOL o puedes verlos en diferidos si no alcanzaste a entrar. El mismo camino siguió AMCHAM, cuyas actividades estaban, en general, reservada para sus socios. En tiempos de confinamiento generó una agenda abierta y otra privada para sus miembros. AMCHAM sorprendió con un acertado foro sobre el racismo a pocas semanas de la muerte de George Floyd en Minneapolis.

Claramente las plataformas digitales presentan una oportunidad de expandir los contenidos a audiencias mucho más amplias, contar con invitados de regiones o extranjeros con mayor facilidad, todo lo que redunda en una importante reducción de los costos. Quienes hemos tenido a nuestro cargo eventos, desde el diseño y desarrollo de contenidos hasta la organización y la logística, hemos tenido que hacer malabares con el presupuesto para conseguir salones a precios convenientes, con buen acceso, estacionamiento, y un servicio de café que no desmerezca. Con estas nuevas formas de compartir contenidos, los problemas se trasladan desde la logística al manejo de la tecnología y a la calidad de los servicios de internet, no sólo de quienes organizan la actividad sino también de que quienes intervienen.

Pero, con todo, el objetivo se cumple y con bastante éxito: El Ministerio de Energía dio inicio por esta vía a la Hoja de Ruta de la Transición Justa de Energía, que se hace cargo de las externalidades negativas de la agenda de descarbonización y el presidente del Banco Central cumplió con las entregas del IPOM ahora por streaming. En otros casos el éxito se traduce en masivas audiencias, como el foro organizado por la Corporación Alta Ley sobre el rol de cobre en el manejo del Covid 19, que tuvo nada menos que 407 participantes y más de 2 horas de activo intercambio entre la audiencia y los expositores, algo que no habría sido posible en un salón de eventos.

Otro de los cambios que trae el uso de plataformas, es que quienes participan se ven más cercanos y menos acartonados. En pantalla se ve aparecer un mano que sirve un té al conferencista; un niño que abre la puerta a su padre y le pregunta algo; casas normales con algo de desorden de fondo, incluso cocinas; hombre sin corbata y mujeres con menos maquillaje y sin peluquería.

No es posible afirmar que las plataformas van a reemplazar las actividades cara a cara. Se echa de menos encontrarse con los conocidos y poder conocer a personas nuevas, conversar durante el café, hacer un contacto para futuras conversaciones y negocios. Hacen falta esas relaciones que te hacen sentir que participas en una comunidad de intereses.

El mundo virtual tampoco es la panacea: la participación en línea es más difícil y en diferido; y si bien se puede mostrar adhesión a algunos planteamientos, nada reemplaza el poder aplaudir in situ una intervención o el desarrollo de una idea que nos interpreta. Hay otras dificultades propias del mundo digital, como el repulsivo y condenable hackeo al foro sobre la agenda de género liderada por la presidenta del Senado, Adriana Muñoz; y algunas mañas que se trasladan desde los paneles reales a la pantalla con asombrosa facilidad: me refiero a esa costumbre tan arraigada en las autoridades de intervenir y luego retirarse (problemas de agenda, se llama) y no escuchar las demás opiniones ni participar en los debates.

Ojalá podamos mantener la vitalidad de estos foros post pandemia, cara a cara cuando se pueda o digitalmente para ensanchar los espacios de encuentro, ampliando y profundizando así las interconexiones entre los diversos actores sobre los temas que nos ocupan.

                                                                                   Susana Mena Illanes

                                                                                              Directora de Research y Contenidos

                                                                                              Entorno Social