Por años hemos venido escuchando que cada vez más se impondrán los criterios de sustentabilidad, primero en la decisión de los clientes al escoger y preferir sus productos y luego de los inversionistas a la hora de tomar sus decisiones.

El asunto era saber cuándo, lo que se percibía como un fantasma al acecho, se convertía en realidad. Bueno pues, ese tiempo ha llegado. Y como dice el refrán popular, “no hay plazo que no se cumpla, ni deuda que no se pague…”

En la recopilación de refranes populares del singular Oreste Plath, original seudónimo de César Octavio Müller que se definía a sí mismo como “investigador viajero”, la frase hace referencia a “que siempre la vida se encarga de pasarnos la cuenta, por lo bueno o por lo malo que hemos hecho”. Más allá de juzgar intenciones, está la determinación que la naturaleza, el ecosistema, la vida se encarga de cobrarnos lo que hemos hecho y dejado de hacer y que dejar para mañana… puede salirnos bastante más caro.

Hace un tiempo fue Larry Fink, Presidente de BlackRock;  ahora es el Fondo Soberano de Noruega, el más grande de su tipo en el mundo con el 1,5% de todas las acciones de las compañías que se cotizan a nivel global, con participación en 9 mil empresas en 74 países, que declara la exigencia y aplicación estricta de criterios de sustentabilidad en su cartera de inversiones.

Administrado por el Norges Banck Investment Management, entidad responsable de la gestión de activos del Banco Central de Noruega, genera anualmente cerca del 20% del presupuesto de ese país y posee en Chile el equivalente a 780 millones de dólares de participación en 33 firmas que cotizan en la bolsa local.

Sus estrictos protocolos de inversión han dejado fuera a compañías y puesto a otras en observación, fundamentalmente por la matriz energética basada en carbón que sustenta sus operaciones. Y con estas palabras la entidad escandinava fundamentó su decisión:  “en la evaluación, según criterio de exposición al carbón, también se dará importancia a las evaluaciones prospectivas, incluidos los planes que la empresa pueda tener que cambiarán el nivel de extracción de carbón o la capacidad de energía en base a carbón, y/o aumentar la relación de ingresos o la participación empresarial en energías renovables”.

Este cambio de criterio nos está tocando la puerta. Es hora de tomar seriamente en cuenta la necesidad de optar por incorporar la sustentabilidad económica, social y ambiental y la afectación a los diversos grupos de interés como una variable estructurante de los negocios. Podemos aprovechar este tiempo de cuarentena para autoevaluarnos y optar por el cambio.

Teresa Matamala Bellolio

                                                                                                 Gerenta General Entorno Social