Parte importante de nuestro trabajo como consultores en asuntos socioambientales, comunitarios y sustentabilidad se basa en el conocimiento territorial y en los vínculos que vamos formando con dirigentes, vecinos y pobladores. ¿Cómo lo vamos hacer, o cómo vamos a ir a terreno en tiempos de COVID19? ¿Qué vamos a hacer con nuestra presencia en los terrenos, nos preguntábamos a mediados de marzo?

Como la enorme mayoría del país, tuvimos que adaptarnos y atrevernos a “estar presentes en los territorios” de una manera virtual, lo cual nos impuso desafíos culturales y también logísticos. Así, después de más de 6 meses de confinamiento en los que exploramos el desarrollo de nuevas herramientas, queremos compartirles nuestra propia experiencia y la evaluación que hemos hecho sobre las mismas.

En estos meses de trabajo telemático hemos tenido el privilegio de seguir con proyectos y asesorando a diversos tipos de organizaciones y empresas. Con algunos ya llevábamos un tiempo trabajando, a otros los conocimos a través de cámaras y reuniones virtuales. A todos, de diferentes maneras, les importaba que pudiéramos seguir manteniendo los vínculos que ya teníamos con dirigentes y vecinos y que pudiéramos comenzar nuevos nuevas relaciones, en el caso de proyectos que se inauguraron en los últimos meses. Fue entonces que el equipo de profesionales de Entorno Social decidió hacer un levantamiento de experiencias y bibliografía que nos ayudara a adaptar nuestro trabajo presencial a uno que fuera íntegramente virtual.

Con ese trabajo realizado, nos propusimos continuar con nuestro trabajo en terreno. En el caso de las comunidades que ya conocíamos, esto supuso reforzar los vínculos a través de llamadas telefónicas, de videollamadas y desarrollando nuevas experiencias de vinculación, como desarrollar la creación de un programa de formación de dirigentes realizado por YouTube. En el caso de las comunidades nuevas este nuevo escenario de relacionamiento supuso un esfuerzo en conjunto para levantar datos a distancia y establecer contactos que prescindieran del contacto presencial, siempre tan relevante.

Con el paso de los meses, fuimos percibiendo que, a pesar de la distancia, podíamos seguir prestando nuestros servicios. Hasta el mes de septiembre, así, podemos compartir la experiencia de haber realizado un total de 37 entrevistas semi-estructuradas individuales; 7 entrevistas semi-estructuradas colectivas y 11 encuestas on-line.  De este total, algunas de estas herramientas metodológicas estuvieron orientadas a levantar información para realizar Líneas Base de Medio Humano, para confeccionar Estudios Antropológicos, para diseñar Estrategias de Relacionamiento Comunitario, para hacer una Participación Ciudadana Anticipada y para continuar prestando servicios de Relacionamiento Comunitario.

Con esta experiencia a cuestas, el equipo de Entorno Social decidió evaluar. Analizamos cada uno de los casos y luego buscamos patrones comunes, lo que nos llevó a la siguiente evaluación:

Sobre la calidad de los datos: en términos generales, consideramos que estas herramientas son una buena alternativa a la presencialidad. Se otorgan informaciones relevantes que sirven a los objetivos que se buscan. Con todo, existen casos particulares que requieren presencialidad (sobre todo cuando se requiere profundizar en el uso del territorio, p.ej., cartografías participativas).

Sobre los medios de verificación (o consentimientos): descubrimos que son más complejos de obtener, pues dependen del acceso y disposición de los participantes. En esta línea, consideramos que se podría optar, por ejemplo, al uso de audios de Whatsapp.

Sobre el apoyo del Titular y/o de otras personas con presencia en el territorio:  se hizo evidente que es un elemento fundamental, pues reemplaza nuestra presencia en el territorio y es capaz de entregar garantías o suplir deficiencias, como las de acceso tecnológico en algunos casos particulares.

Sobre el acceso tecnológico: es, como era de esperar, otro elemento que condiciona la eficiencia de las herramientas metodológicas. Reconocimos que en este aspecto influyen las condiciones socio-económicas y territoriales.

Sobre la participación de los entrevistados, dirigentes y vecinos, constatamos que existió una muy buena disposición a participar por estos medios. No podemos descartar, no obstante, que la situación de encierro y confinamiento de la mayoría haya posibilitado una mayor participación.

Pensamos que es también oportuno señalar que hubo algunos temas que aún no han sido evaluados. Especial relevancia adquiere el de la Participación Ciudadana, la que, por ser organizada por el SEA, requiere de regulación todavía inexistente. Se vislumbra una dificultad, pues podrían surgir objeciones ex post de personas u organizaciones que no pudieron participar.

Otro escenario podría experimentar la Consulta Indígena. Como en este caso participan organizaciones (y no personas naturales), se ve más factible, siempre y cuando haya aprobación de la comunidad. Para esto, la vinculación y comunicación con su directiva será fundamental. Agregar la relevancia de establecer contacto y claridad de alcance con la directiva.

En definitiva, reconocemos que estas herramientas pueden ser útiles y eficaces, por lo que podrían utilizarse incluso en el mundo “post-pandemia”. Sin embargo, evidenciamos también que esto no debería suponer un reemplazo total y absoluto de la presencialidad (sobre todo en proyectos de Relacionamiento Comunitario).

Javier Celedón. Consultor Entorno Social.