El anuncio del plan “Paso a Paso” del Gobierno nos hace pensar que comienza a acercarse el tiempo de salir lenta y progresivamente a enfrentar la ciudad y el mundo nuevamente. Aunque sabemos que no tendremos “normalidad” hasta que contemos con una vacuna probada y distribuida universalmente, los pasos que algunas comunas y regiones ya están dando hacen imperativo que pensemos cómo queremos enfrentar lo que se nos viene. 

El miércoles 28 de julio, en un webinar organizado por la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile, la destacada economista Mariana Mazzucato utilizó una expresión que nos ayuda a hacer esa reflexión: “normality sucks”. Según la directora del Instituto para la Innovación y Propósito Público del University College London, la “normalidad apesta”. Y es que la normalidad a la que estábamos acostumbrados antes de la crisis del COVID-19 puede ser considerada como la gran responsable de las dos grandes crisis que enfrentamos: la sanitaria, social y económica producto de la enfermedad y la del cambio climático.

Desde Entorno Social adherimos desde temprano a la invitación que algunas personas y organizaciones hicieron para que, post-pandemia, podamos tener una Reactivación Sostenible. El llamado de esta declaración es claro: necesitamos desarrollar e implementar políticas y directrices que tengan un marcado acento en la inclusión, la innovación y la sustentabilidad.  Parte de este llamado se ve de alguna manera reflejado en el acuerdo que el 14 de junio se selló entre Gobierno y oposición. Aunque es incierto el futuro de este “marco común” después de los últimos acontecimientos políticos, es un tímido pero positivo avance que el capítulo de reactivación económica y empleo haya puesto acento en el cambio climático, la eficiencia hídrica y otros asuntos correlativos.

Aunque en el ámbito político e institucional queda mucho por hacer, puede ser tentador desplazar toda la atención a ese nivel de la acción colectiva y no bajar a lo que nosotros como personas y como empresas podemos también hacer para decididamente no volver a esa normalidad que “apesta”.  En ese sentido, podríamos preguntarnos si la palabra “reactivación” es el mejor término, pues de alguna manera apela a un “volver a activar” aquellas prácticas, comportamientos y estructuras que fueron causa de aquello que nos ha obligado a estar confinados. En ese sentido, podríamos preguntarnos, ¿qué tiene que cambiar en mí, en mi familia, en mi lugar de trabajo para que – cuando se pueda – podamos retornar a una actividad que sea diferente? Hacerse esta pregunta no es trivial ni debe ser confundida con un ejercicio de autoayuda o algo semejante. Es que los seres humanos tenemos la enorme dificultad de cambiar hábitos que han decantado en nuestro comportamiento, el personal y el colectivo.

Martin Heidegger, filósofo alemán del siglo XX, decía en su obra Ser y Tiempo que el vivir humano suele “estar absorbido por el mundo y perdido de sí”. En nuestra vida cotidiana, solemos interpretarnos y actuar perdiendo de vista nuestra radical apertura a los otros y al mundo. En otras palabras, nos pasa que repetimos y reproducimos comportamientos y estructuras que nos transforman en un objeto más, perdiendo nuestra radical libertad. Ante esa situación, Heidegger se refiere a la angustia, no entendida como sentimiento, sino como un estado o momento que nos puede volver a situar frente a nuestra condición precaria y finita y donde nos reencontramos con la autenticidad de nuestra existencia, que es la apertura.

Tiendo a pensar que este largo encierro que hemos vivido y el lento retorno a la “normalidad” nos puede ayudar a entrar en ese “estado filosófico” que proponía el pensador alemán. Quizás así podamos caer en la cuenta de que “normality sucks”, que aquella vida pasada que muchos añoramos tenía elementos que sería mejor cambiar. Puede ser deformación profesional, pero pienso que -si no hacemos este ejercicio de reflexión-, veremos que es muy probable que el mundo post-pandemia vuelva rápidamente a ser como el que estábamos habituados antes de la llegada del virus. Sin reflexión y sin decisión difícilmente habrá cambios que posibiliten que vivamos en un planeta y en un país “que alcance para todos”. Lo bueno es que podemos hacerlo, ya que, aunque con trabas, y como decía el mismo autor, “nuestra esencia es la existencia”, es decir, es cambio, devenir y posibilidad.

Javier Celedón

Licenciado en Filosofía y Magister en Sociología

Consultor

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